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Ovejas sin pastor

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Las multitudes nunca fueron para el Señor una medida de su identidad y valor de su ministerio.

Versículo:Marcos 6:30-44

Cuando hubieron regresado los discípulos, Jesús pretendió apartarlos a un lugar solitario para proveerles la oportunidad de descansar. «Pero muchos los vieron ir y lo reconocieron; entonces muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. Salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas» (vv. 33-34).Cristo no veía a las multitudes como un reflejo suyo, ni tampoco estaba pendiente de su nivel de popularidad.

Resulta muy interesante observar la reacción de Jesús. Vio la enorme muchedumbre y percibió, en el espíritu, el verdadero estado de estas personas: ovejas sin pastor. En esta sencilla analogía se resume toda la realidad que acompañaba al pueblo. No tenían quien los guiara a lugares donde pudieran nutrirse del alimento necesario para una vida sana. No tenían quienes las protegieran de los depredadores que se alimentaban de las ovejas indefensas. No tenían a quien acudir para ser atendidas ni escuchadas en sus luchas y dificultades cotidianas. Frente a esto, Jesús fue movido a compasión. No los juzgó, ni se molestó con ellos porque no lo dejaban tranquilo. Mas bien los miró con misericordia porque el mero hecho de que lo siguieran revelaba la magnitud de su necesidad.

Cuán diferente es esta perspectiva comparada con nuestra óptica contemporánea. Entre los que pastoreamos en casa de Dios, las multitudes constituyen la marca de nuestra grandeza. Las vemos más como una señal de la eficacia de nuestro propio ministerio que por lo que verdaderamente son. La presencia de las muchedumbres en el ministerio de un líder en el concepto de muchos habla con elocuencia de haber arribado a un nivel de«compromiso» con Dios que pocos alcanzan. ¿No son, acaso, todas estas personas la clara evidencia de que el Señor está bendiciendo de manera especial la obra de nuestras manos? Cristo no veía a las multitudes como un reflejo de lo que él era, ni tampoco estaba pendiente del nivel de popularidad que había alcanzado. Las multitudes lo exponían a uno de los grandes desafíos en el ministerio, el mismo que también acompañará a toda persona comprometida con cambiar vidas.

el ministerio, porque el impacto que lograremos será momentáneo. Los cambios que perduran La multitud, que no tiene rostro ni identidad propia, ofrece el medio más ineficaz para hacer on producto de una inversión intensa y personal.

No obstante, Jesús dedicó parte de su tiempo a atender las necesidades de las multitudes sin dejar, en ningún momento, que ellas impusieran su agenda sobre la marcha de su propio ministerio. Estar con ellos le proveía una valiosa oportunidad para percibir la realidad del pueblo, entender sus luchas y necesidades. Para que nosotros cultivemos este mismo espíritu de compasión, tenemos que desechar la costumbre de estar pendientes de los números, por el contrario debemos enfocarnos en la gente que está a nuestro alrededor. ¿Qué importa si son tres o tres mil? Si son las mismas necesidades, el pastor con un corazón compasivo estará tan interesado en un grupo como el otro.

 

 

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